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¡Cuidado con el agua!

El tema del que vamos a tratar se refiere al agua, pero no la de beber, que por cierto es muy necesaria en los meses de verano cuando el calor aprieta, sino el agua de bañarse, ese agua refrescante y deliciosa que a veces se convierte en el mayor enemigo de niños y adultos. Está claro que todo el mundo ha leído en prensa, y escuchado en radio y televisión, noticias acerca de la gran cantidad de accidentes, la mayoría con desenlace fatal, que vienen ocurriendo en nuestro país y sobre todo con un alarmante aumento de incidencia en los últimos años. Son accidentes por inmersión, ahogamiento, que provocan a veces mayor mortalidad en los niños que las enfermedades infecciosas o los accidentes de tráfico. Lo mismo da que se trate de playa o de piscina, incluso en la bañera del aseo doméstico, o hasta en una bañera para bebés o en un simple barreño. No se puede dejar a un bebé de pocos meses sólo en una bañera, aunque sea pequeña. Se ahogan en un cubo de agua, como dice el refrán. El agua da vida, pero el agua mata también. Mucha precaución, por tanto.

Hay que llevar un especial cuidado sobre todo con los niños más pequeños. No nos podemos descuidar un segundo, porque nos jugamos en un instante lo más preciado que tienen, la vida. No se pueden dejar al cuidado de otros niños, a pesar de que sean mayorcitos, porque estos no tienen la capacidad de vigilancia, responsabilidad y toma de decisiones, que tiene un adulto. Por supuesto que entre las medidas preventivas se encuentran las que hay que adoptar antes de que el pequeño llegue al agua. Ya hemos dicho que debe estar siempre acompañado por un adulto, pero también hay que tener en cuenta, que piscinas, pozos, pantanos, etc., deberán estar vallados con valla de altura reglamentaria y con puertas con candado que impidan el libre acceso a los niños. Todos sabemos que los pequeños nos la juegan en un momento. Un simple descuido y el problema aparece.

Se deben tener en cuenta unas normas fundamentales respecto al baño, tanto en playa como en piscina. No se debe hacer una zambullida brusca, no es recomendable bañarse después de haber comido, hay que introducirse progresivamente e irse adaptando a la temperatura fría del agua, ir haciendo ejercicio o nadando progresivamente, debe haber siempre adultos al cuidado de los niños que estén en playa o piscina, los niños deben de llevar elementos de flotación, que a ser posible no sean flotadores o manguitos, siendo el chaleco el método más eficaz. Por supuesto las piscinas deben estar valladas, las comunitarias y las privadas. Debe haber socorrista en las piscinas públicas y en las playas. Debemos hacer caso de las señales de peligro que los servicios de socorrismo colocan, como por ejemplo la bandera roja, en advertencia de que no se deben introducir en el mar por situación de peligro. No podemos confiarnos porque en pocos segundos un niño inconsciente llena de agua los pulmones y es imposible sacarlo adelante con las maniobras de reanimación.

Es importante que el niño aprenda a flotar, a nadar, pero mientras lo aprende hay que llevar un especial cuidado. Incluso a pesar de que sea ya un experto nadador, podría haber problemas o enfermedades que predispongan a sufrir un síndrome de inmersión, por ocasionar una posible pérdida de consciencia, como por ejemplo una hipoglucemia (frecuente en niños diabéticos, pero también puede aparecer en niños normales por un periodo prolongado de ayuno, por ejemplo), una crisis convulsiva en niños epilépticos, pero también en otros que no lo eran y debutan en ese momento con su primer ataque, una parada cardíaca por brusco cambio de temperatura, un síncope o una lipotimia por entrar en el agua con el cuello forzado, un traumatismo cráneo encefálico accidental por estar jugando o introducirse mal y golpearse con el borde de la piscina, o no calcular bien la profundidad de la misma y golpear con la cabeza en el suelo. Todo ello puede hacer que haya una perdida de consciencia y un ahogamiento por inmersión con parada cardiorespiratoria. Pueden darse incluso crisis de tos espasmódica que podrían provocar apneas y perdida de conciencia. Si el niño está con fiebre, tiene una enfermedad gastrointestinal con posible deshidratación, o tiene un problema respiratorio como bronquitis o asma, es mejor que termine su curación en casa y dejar el baño para días más tarde. Todas esas circunstancias provocan que el estado físico y mental del organismo no esté en optimas condiciones.

Otro factor a tener en cuenta es la toma de medicamentos, pues algunos de ellos producen efectos secundarios como somnolencia, convulsiones, síndrome extrapiramidal, etc. Por lo tanto el nivel de alerta no será el mismo si están tomando sedantes, antihistamínicos u otros medicamentos que afectan al Sistema Nervioso Central. Pueden ocurrir espasmos musculares, contracturas, que impiden nadar y ponen en peligro la vida del niño, sobre todo en mar abierto. Como vemos, muchos factores son los que facilitan que pueda terminar en tragedia lo que era un gran día de ocio y diversión. Los adultos son los que tienen la responsabilidad de tener en cuenta todos estos factores de riesgo, y estar pendiente de los pequeños mientras que se están bañando.

La variable más importante en cuanto al pronóstico y tratamiento, es la duración de la hipóxia (falta de oxígeno) que dependerá del tiempo de inmersión y de la premura en realizar las maniobras de reanimación. El ser humano sólo puede permanecer consciente en el agua en inmersión completa, durante un corto periodo de tiempo (entre 30 a 90 segundos). Si el tiempo de inmersión se prolonga más de este tiempo la consecuencia será fatal y se producirá la muerte en pocos minutos. El 40% de las víctimas son niños menores de cuatro años, siendo la falta de protección y seguridad en las piscinas la causa más común, e incluso más frecuente en niños de 1 y 2 años de edad. Los que tienen lugar fuera del domicilio familiar, son más común en varones, en proporción de 3 a 1. Se considera la segunda causa más frecuente de muerte accidental en niños, tras los accidentes automovilísticos.

El ahogamiento es la muerte por asfixia, puede ser húmedo si hay aspiración de agua, y seco, cuando la muerte es por un espasmo de la laringe y no hay entrada de agua a los pulmones. A veces también hay problemas respiratorios que aparecen en los dos o tres primeros días tras una inmersión de la que la víctima había sido recuperada. Hay diferencias entre el ahogamiento en agua dulce o en agua salada así como en agua fría (el pronóstico para el cerebro es mejor en este caso) o en agua sucia (barro). Las consecuencias de la inmersión en los distintos órganos son: en pulmón se produce falta de oxígeno y aparece edema pulmonar. En el cerebro, al faltarle oxigenación a las neuronas, se produce un daño cerebral, pero también por las maniobras de reanimación, medicación, aumento de la presión intracraneal, edema cerebral, etc. En el corazón, debido a los trastornos metabólicos y de electrolitos, secundarios a la falta de oxígeno, se producen arritmias con parada cardíaca. En la sangre hay trastornos de la coagulación con hemorragias en diversos órganos. En el riñón tendremos una insuficiencia renal. Hay por lo tanto un fallo multiorgánico que es complicado de recuperar, y que en el caso de que sea posible la recuperación las secuelas pueden ser muy importantes y permanentes.

El tratamiento debe iniciarse con la máxima rapidez posible. Una buena y temprana reanimación cardiopulmonar de un niño ahogado es imprescindible para salvarle la vida, y también para evitarle que quede con secuelas neurológicas importantes. Se debe iniciar la respiración boca a boca, donde sea, sin perder un segundo, incluso dentro de la propia piscina. Hay que tomar el pulso y si no se encuentra, iniciar el masaje cardíaco externo lo antes posible. Esto facilita que la sangre circule y vaya al cerebro evitando el deterioro del mismo y la muerte neuronal. Se recomienda hacer la reanimación y no abandonarla si calculamos que el tiempo de inmersión ha sido menos de una hora. Si han pasado 40 minutos de reanimación y no aparece latido cardíaco se deberían abandonar los ejercicios de reanimación. Pero es importante no perder la calma, tener seguridad en lo que se hace, y dejar por supuesto a alguien de los presentes que sea experto en reanimación cardiopulmonar. Nunca querer ayudar sin saber porque lo que hacemos es entorpecer y retrasar lo fundamental para que el enfermo salga adelante. Es muy interesante que la población estuviese entrenada en estas maniobras de reanimación cardiopulmonar, siendo eficaz el impartir charlas prácticas en los colegios e institutos.

Por supuesto, mientras que unos se dedican a las maniobras de reanimación, inmediatamente que se tiene noticia de que hay un problema de ahogamiento se debe llamar a urgencias 112 para que los servicios sanitarios especializados lleguen cuanto antes. Es fundamental el personal técnico correcto y las medidas de apoyo con oxígeno y medicación que van a lograr estabilizar al accidentado en tanto que es trasladado al hospital más cercano. Ellos comienzan a administrar oxígeno, suero intravenoso y a poner en marcha distintas medidas de soporte vital.

A pesar de que se recupere la víctima y comience a latir el corazón, después llegarán complicaciones como infecciones pulmonares, neumotórax, aire en el pericardio alrededor del corazón, etc., pero la principal secuela es el daño neurológico que conducirá a una alteración permanente de la función cerebral, con atrofia de la corteza cerebral, y un cuadro de encefalopatía por anoxia, con parálisis de miembros, alteración de funciones sensoriales, daño neuromuscular, retraso mental, etc.

Unas secuelas tan graves y permanentes, que menoscaban el resto de vida del pequeño, provocándole un grado de discapacidad variable, pero importante. Por lo tanto, como epílogo de estas recomendaciones podríamos decir:

  • JAMÁS DEJAR A LOS NIÑOS BAÑÁNDOSE SOLOS
  • TENER LAS PISCINAS VALLADAS (PRECAUCIÓN CUANDO SE VAYA A CASA DE AMIGOS CON PISCINA)
  • ENSEÑAR A LOS NIÑOS A FLOTAR Y NADAR
  • OBEDECER LAS ÓRDENES Y RECOMENDACIONES DE LOS SOCORRISTAS
  • UTILIZAR CHALECO SALVAVIDAS, MANGUITOS, FLOTADOR, ETC.
  • APRENDER LOS ADULTOS TÉCNICAS DE REANIMACIÓN CARDIOPULMONAR
  • ANTE UN ACCIDENTE INICIAR LA REANIMACIÓN INMEDIATAMENTE Y AL MISMO TIEMPO OTRA PERSONA DEBE AVISAR A LOS SERVICIOS MÉDICOS DE URGENCIA
  • RECORDAD SIEMPRE QUE EL AGUA ES BENEFICIOSA PARA LA SALUD, PERO A VECES SE CONVIERTE EN EL PEOR ENEMIGO. CUIDADO CON EL AGUA


Dr. Andrés Nieto Conesa - Pediatra

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